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Historia de la Virgen de Juquila
Primeras noticias de nuestra imagen y comò fue al pueblo de Amialtepec.
El V.P. Fr. Jordàn de Santa Catarina, honor y gloria no solamente de esta su observantisima Provincia y de Predicadores de Oaxaca, tenia consigo a nuestra santa imagen, por entonces solamente llamada la Concepcion Purisima, como se ve, asi en la accion como en los trazos de la pequeña escultura. Es de una tercia con màs el grueso de un dedo: viste una tunica y sobre ella cae el manto, que desprendiendose de los hombros airosamente se tercia bajo el brazo diestro: se extiende el pelo sobre el ropaje, junta ante el pecho las manos, e inclina modestamete los ojos.
No se sabe de donde obtuvo el V.P,Fr. Jordàn esta portentosa imagen, es de pensar que lo acompaño durante muchos años, como en su espiritual conquista de Villa Alta. Ciertamente ser prenda de aquel varon por todas partes ilustre, bastaria a recomendarla sobre efige de maria señora nuestra y efige en quien puso al cielo el sonberano atractivo que experimentan cuantos logra la dicha de venerarla, depositando en ella los inumerables beneficios que benigna dispensa por su medio. Late el corazòn dentro del pecho, se derrite la precencia del mas tibio y desde luego avisa la alma , que en aquel pequeño bulto se sacramenta la Reina Soberana.
Deseando la doctisima provincia de predicadores formar sus pequeños hijos con el espiritu de su admirable fundador, destino para maestro de novicios a nuestro V.P.Fr Jordàn. Tuvo en esta ocasiòn el religiosos maestro a su servicio a un muchacho cuyo nombre olvidaron las historias del pueblo de Amialtepec. Empleo el venerable padre todos sus documento en el criado, educandole conforme a su condicion y le pago aquella tiernisima devociòn a Maria Señora Nuestra y lo acredito parte legitimo del Señor Santo Domingo. Crecido el mozo y no pudiendo seguir a su religiosos dueño quien seguiria correrias apostolicas, medito restituirle a Amialtepec. Despidiendose de su maestro, y este para continuar en su criado la devocion de Maria, le endono el soberano traslado. ¿ Y que aquel divino conducto donde el cielo liberal se derrama sobre todos, no descubrio su atractivo a un varon tan excelente? ¿Este pone aquel tesoro enlas manos de un indio desvalido, quien en su negro jacal iba a depositar tanto prodigio?.
Tenemos ya en ella el motivo de llamarse con el nombre de Nuestra señora de Amialtepec. . 
Capitulo II
Hàcese famosa nuestra señora en el jacal del indio, trasladase a la iglesia y a espensas de un portento queda celebre el santuario.
Restituido en amialtepec el discípulo del V. Jordán, coloco a nuestra reina en la casa de los santos, Santocole que le dice el mexicano. A la vos de su venida concurrieron los vecinos trataron de la ciudad y discurrieron sobre María Señora Nuestra y el Santísimo rosario, serenando así a la pequeña imagen.
Le invocaban devotos en sus urgencias y entre ellos repatría la señora a manos llenas sus soberanas piedades. Salió de los breves limites de amialtepec la famas de sus clemencias, vinieron a disfrutaras de pueblos comarcos y pasando de unos a otros las noticias, ya de lugares muy distantes la buscaban.
Corría el año de mil seiscientos treinta y tres primera fecha que se puede pones a estas memorias y era cura de la doctrina de juquila el Señor Lic. D. Jacinto escudero, quien sabiendo la aceptación de los fieles, se acerco a reconocer por si mismo el origen de tales concurrencias, quedó como todos, sanamente enamorado de la venerable Efigie; medito que se colocase en la iglesia, para que todos lograran en parte que es mas propia su presencia: que no enciende los cielos para ocultarse las luces, sino para que puestas sobre un eminente candelero, alumbren a todos los que viven en la casa.
No lleva mucho tiempo colocada en la iglesia la señora, cuando un golpe de luz extraordinario acabo de hacer famosa su memoria. Nos comenta la historia, que la gente de esos lugares al inicio de la primavera, dan fuego a todos los montes, para quedar desnudos de la hierba. Esta diligencia se practicaba a tres leguas de distancia del pueblo de amieltepec; más arrebatadas las llamas por el viento, arraso con voracidad los albergues de los indios y sin respetar el Sagrado, envolvieron también sus cenizas a la iglesia.
Apenas dio lugar aquel voraz elementos a los indios, estos optaron por una acelerada fuga, ver desde los cerros vecinos reducirse a pavesas sus moradas. Una vez terminado el incendio, El pueblo a llorar iban, como el profeta sobre las ruinas del templo, ¡cuando encontraron que asombro! Que aquella Zarga sagrada, aún reducido en cenizas, cuanto sirvió para el culto, otra vez se conservo sin lesión alguna entre las llamas. Quedo sobre el monton de cenizas con los vestidos intactos, morena como se pinta ella misma; pero hermosa como todas la ponderan.
Temiese un ves ya trasladada a Juquila, que un rayo que se introdujo en la iglesia la acabase, mas solo las señas en artesón y paredes. Después en el año de 1769 habiéndose abrazado las casa parroquiales contiguas al santo templo, sin permitir la violencia libertasen a un la ropa de los ministros, en veinticinco casas inmediatas, que así mismo perecieron, se engrosaron la llamas de manera que caían trozos de fuego sobre el sagrado edificio, que sin sentir detrimento dio a lugar que sacasen a salvo a la venerable Efige.

Capitulo III
Llega a la ciudad la fama de nuestra señora demialtepec. Crece la romeria.
Corrió la voz de tan extraño portento hasta la ciudad de Oaxaca, conducida por los vecinos de Amialtepec y los Pueblos comarcos: coopero con sus consultas el cura, ocurriendo a los sujetos mas doctos y venerables, que siempre ilustraron en Antequera a ambos Cleros.
Al oír lo que en él pasaba, cada uno exclamó poseído de admiración con el glorioso Moisés a las faldas del Sagrado Monte Oreo: iré a ver este prodigio, como no se consume entre las llamas la zarza. De hecho corrieron para Amialtepec las gentes, así de aquella provincia, como de la ciudad y los valles que la cercan. Obraría en unos la aprehensión, en otros el ejercicio, en estos el mudar temperamento, en aquellos haber explayado en la expedición el ánimo y en muchos sin duda resplandecería la diestra poderosa, como que trazaban un monumento de los mas venerables que tiene en nuestra iglesia de América.
Los suyos vieron llenarse de nuestros devotos Peregrinos, y volvieron diciendo de nuestra Sagrada Imagen lo que de Salomón la otra Reina: Son mayores tus obras que tu fama.
Pocos tienen la dicha de conocerla, que no vuelvan anualmente en el día de su fiesta a consagrarle devotos sus respectos: hay gentes en Oaxaca, que cuentan por los años de su discreción los viajes a Juquila; con esto fue por años aumentándose la gente, creciendo la romería y extendiéndose en todos la devoción.
La del celoso cura ya no vivía satisfecha con tener en su doctrina aquel asombro; quisiera prestarle diariamente sus obsequios, ¿que impedía en precisa residencia en santa catarina? El pensó en trasladar a la cabecera nuestra milagrosa imagen. Vivísimos pinta el P. Mtro Arrazola los afectos de los indios cuando se toco este punto: hicieron la mayor resistencia, a que ya cooperaba todo el pueblo, interesado lo primero, en la adorable presencia de una imagen que dio nombre inmortal a amialtepec.
Ocurrió el llamado al señor Obispo que en ese tiempo era el señor Don Fray Angel Maldonado. El cual firmo un decreto que se hizo el 30 de junio de 1719, para la reubicación de la Santisima Imagen y decretando así que a partir de esa fecha, que el santuario de la virgen seria el Templo de Santa Catarina de Juquila.
Los de amialtepec, viendo por parte que mediaba un respeto tan sagrado y por otras asegurados de que el cielo en esta devota contienda, aun a costa de sus prodigios se declaro por su parte, ayudaron a llevar a la Reina Sagrada al Pueblo de juquila..
La señora desde entonces permanece en la cabecera, de que ha tomado el nombre con que la invocamos, llamándola nuestra Señora de Juquila.
Reseña Historica.
La comunidad de Santa Catarina Juquila, se fundó en el año de 1272. Según textos antiguos, los primeros habitantes vinieron de la región de la mixteca, quienes se establecieron a las orillas de un caudaloso río que les proporcionaba las condiciones apropiadas para un buen desarrollo empezando a poblar lo que en la actualidad es Juquila. En 1725 por su importancia religioso – turística se le dio la categoría de cabecera municipal y distrito político. De acuerdo con anécdotas de los abuelos y de diversas historias Juquila fue una jurisdicción de vasallaje de Tututepec, en 1526. Con la llegada de Fray Jordán de Santa Catalina, aún pueblo de nombre Amialtepec, quien durante su estancia ocupó los servicios de un humilde campesino, a quien educó religiosamente. Cuando llegó el momento de que Fray Jordán regresara a su lugar de origen y tenía que pagarle al humilde campesino le regaló en recompensa una imagen de la Purísima Concepción (la cual fue tallada en España), advirtiéndole que tenía que venerarla como le había enseñado, la imagen fue colocada en el jacal del humilde campesino, cuentan que un día el jacal se incendió y se redujo a cenizas, presentando la imagen solo ligeras quemaduras posteriormente acontecieron diversos milagros de los cuales se enteraron los pueblos circunvecinos y así fue como habitantes de Juquila se organizaron para trasladar la imagen a su comunidad. Así es como se inicia el nacimiento de un pueblo religioso, hasta llegar a la construcción del santuario donde actualmente se continúa venerando esta imagen, realizando sus festividades y actos religiosos el 8 de diciembre. La virgen de Juquila en la Historia Por haber comenzado a darse culto en este tiempo a la virgen de Juquila, se hace necesario tejer su historia de bastante interés para el pueblo Oaxaqueño. Con el nombre de Juquila se conoce la pequeña imagen de la madre de Dios, generalmente venerada y visitada desde entonces año por año, por miles de devotos. Tiene una tercia de vara (30 centímetros) y el grueso de 2 dedos (85 centímetros), viste una túnica sobre la que cae el manto que se desprende de los hombros y se tercia airosamente bajo el brazo izquierdo. El cabello se extiende sobre el ropaje, las manos están unidas ante el pecho, y los ojos modestamente inclinados. Perteneció primeramente a Fray Jordán de Santa Catalina, pasando luego por donación de este religioso al poder de un indio natural de Amialtepec, piadoso y gran devoto de María. Los vecinos de Amialtepec, donde la llevó su nuevo dueño cobraron a la imagen singular afecto visitándola con frecuencia e invocándola en sus necesidades Sin duda aquellas peticiones fueron bien acogidas por la reina de los cielos, pues se contaban maravillas obradas por su intercesión, y tanto, que pronto la fama voló por los pueblos circunvecinos y aún llegó a lugares distintos de donde partían devotos peregrinos para visitar el jacal de Amialtepec que guardaba la santa imagen.
La noticia de tales acontecimientos llegó al cura del lugar, don Jacinto Escudero, persona instruida y sensata, quien para evitar abusos fáciles de cometer con pretextos de devoción en una casa privada lejos de la vigilancia de los sacerdotes, venciendo la resistencia del propietario de la sagrada imagen la trasladó al templo. Ahí la devoción creció y los peregrinos aumentaron considerablemente. Corría el año de 1633 cuando llegó el invierno, los indios pusieron fuego a la hierba seca del monte, como es costumbre entre ellos, para lograr en la primavera pasto verde para losganados, esta vez, el fuego cundió rápidamente y ayudado del viento, muy en breve hizo presa de los jacales de Amialtepec, los habitantes huyeron y desde un crestón cercano de su montaña vieron sus casas devoradas por las llamas, y el templo mismo en donde estaba la imagen de la virgen, por el voraz incendio, templos y casas desaparecieron, pasado el peligro, y repuestos los indios del susto, al volver sobre el ennegrecido suelo para recoger lo que de sus cosas hubiese perdonado el fuego, vieron con sorpresa que era en efecto un montón de cenizas, pero que sobre esta quedaba entera, con sus vestidos intactos y aunque ligeramente ahumada, la imagen de María. De ese acontecimiento quedó memoria en un cuadro que el doctor Manuel Ruiz de Cervantes asegura haber visto en que estaba pintado el incendio con esta descripción: Milagrosa imagen de nuestra señora de Amialtepec, en donde quemándose toda la iglesia y el altar en que estaba colocada, pasado el incendio se haya sobre las cenizas del templo, sin quemarse ni aún el vestido.
El padre, maestro, Nicolás Arrazola, persona docta que escribió sobre el caso dice que el hecho está autentico y en comprobación de él cita los párrocos de aquel lugar, Escudero, ya mencionaba y Casaus que fue después penitenciario de Oaxaca: a los señores Patricio Carmona José, Santos Ofendi y Antonio Ayuro, recomendaba por su buen juicio y acertado criterio, y en fin, el acuerdo y uniformidad de cuantos presenciaron el acontecimiento que unánimes lo expusieron como se ha referido, bajo la fe del juramento, en el expediente que se instruyó al efecto como constan los documentos antiguos que el mismo Arrazolo leyó y tuvo en su poder. Aquel suceso causó viva, sensación en Oaxaca, cooperando en buena parte a conmover los ánimos el párroco Escudero con sus consultas dirigidas a las personas más caracterizadas y doctas de la ciudad. Muchos de los vecinos de esta ciudad, de los pueblos inmediatos y aún de las más lejanas montañas de Oaxaca, desde luego se pusieron en marcha hacia el pueblo de Amialtepec, resueltos a ver por sí mismos las señales del prodigio que se contaba.
No debe de haberse arrepentido de su viaje, pues desde entonces comenzó para continuar hasta nuestros días la anual peregrinación de los oaxaqueños que desde fines de noviembre salen de todas partes a millares, dirigiendo sus pasos al pueblo de Juquila, llevando en su corazón la segura confianza de que sus males desaparecerán en la presencia de la sagrada imagen .
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